sábado, 27 de fevereiro de 2010

Magia.

A veces, cuando todo se vuelve en oscuridad, nos preguntamos: ¿Dónde está la magia? Aquella misma que nos hice prometer él “para siempre”, sabiendo que prometeríamos el “jamás”, cuando se fuera. Que algún día nos hice tan feliz y que, en un rato, huyó con toda esta felicidad. Pero si nos hacía tan felices, ¿por qué la dejamos ir? Por supuesto que fue culpa de la distancia, que hice mi amor se perder al intentar llegar a ti. ¿Dónde nos equivocamos, mi amor? Con un simples gesto, me arrancaba suspiros y hoy me arranca lágrimas. Lágrimas que expresan todo lo que siento por ti. Y, en el fondo, aún existe el amor en mí. El amor que mi príncipe encantado ha despertado. Tú. ¿Quién sabe el príncipe se ha vuelto en un sapo? O, de otra forma, no sabemos amar. Porque si supiéramos, no viviríamos el amor en la forma fútil que vivimos hoy, pero en la que era para ser. Perfecto, eterno… ¿Indestructible, quién sabe? Mentiras, ilusiones, sueños, palabras al viento. Miras en tu vuelta y descubres que la magia ha dejado de existir. Que sueños no alimentan, que palabras no significan nada. La magia pasa a existir en el rato en que se cree en ella, dejando todos de lado. O, de una forma más simples, cuando los sueños pasan a ser realidad, cuando tus labios tocan los míos y todo mundo parece parar.

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